Por William Calderón
La soledad del poder
El uribismo ha muerto. Vivan los uribistas. Así se vio en Cali, el sábado, en el último consejo comunal, al que sólo asistieron treinta personas, sin contar a Uribito y a Juan Manuel Santos con sus respectivos escoltas, que no concurrieron propiamente a esa asamblea sino a disputarse el guiño presidencial para sus propias candidaturas. Ambos salieron ungidos, faltando datos de otros municipios como Rivera, en Risaralda, quien competirá en la asamblea general extraordinaria virtual del partido de La U del 8 de marzo, donde aspira a salir airoso como candidato y también espera ganar por nariz el ex ministro Juan Lozano.
Cátedra constitucional
De plácemes debe encontrarse el constitucionalista de Moniquirá, Boyacá, Jaime Castro, con la decisión de la Corte Constitucional que declara la inexequibilidad del enterrado referendo. Hace dos años y medio La Barca alertó sobre la inutilidad del proyecto sin la previa derogatoria del parágrafo transitorio del artículo 197 de la Carta Magna, cuyo texto prohíbe expresamente una segunda reelección de Uribe Vélez. Si hubiesen escuchado en su momento a Clímaco Giraldo y a Fernando Londoño, Uribe hubiera salido por la puerta grande.
Sin cana pa’ tanta gente
A menos que las celdas de La Picota las acondicionen con camarotes, no habrá forma de acomodar en ellas a los 120 congresistas en ejercicio cuya suerte se encuentra en manos de la Suprema Corte por cuenta de las denuncias del representante Germán Navas talero. Son 34 por el reparto notarial y 86 por la noche decembrina. A los 120 anteriores habrá que agregarle los cinco tránsfugas de Cambio Radical, hoy en el Partido de La U, que según la propia Corte Constitucional están sujetos a las consecuencias previstas en el artículo 149 para los individuos que participen en reuniones irregulares del Congreso. De esto no está libre el principal responsable, el constitucionalista de Montebello, Fabio Valencia Cossio.