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El Traidor

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El Traidor - 5.0 out of 5 based on 28 votes

Por Fernando Balda, ex asambleísta ecuatoriano 

De todos los famosos traidores de la historia he buscado alguno con el cual comparar al Presidente colombiano Juan Manuel Santos; revisé la historia de varios de ellos, como el General Benedict Arnold cuyo nombre es sinónimo de traición en EEUU; durante la independencia vendió a los ingleses la rendición de West Point en 20.000 libras. Antonio López de Santa Anna y Pérez de Lebrón político y militar mexicano. Quien fue Presidente de México en once ocasiones. Enfrentó la guerra contra EEUU fue derrotado en la Batalla de Cerro Gordo. Tras evacuar la capital del país, se exilió en Colombia y mediante el Tratado de Guadalupe Hidalgo propiciado por él, México perdió los estados de Alta California y Nuevo México (hoy California, Arizona, Nevada, Colorado, Utah y parte de Wyoming) a favor de los Estados Unidos. También está el caso del asesino de Jesse James, Robert Ford quien siendo su amigo, admirador y discípulo lo mató por la espalda para cobrar la recompensa. En otros anales la ambición, la envidia y la venganza motivaron la traición contra el dictador romano Julio César quien había adoptado un niño de clase baja llamado Brutus, lo educó y trató como su hijo y lo vinculó a la nobleza romana. Los miembros del Senado celosos del poder que tenía César lo traicionaron al final de una sesión, mientras todos rodeaban a Julio Cesar los miembros del Senado en gavilla sacaron dagas y lo apuñalaron, César se defendió hasta que reconoció uno de los rostros de sus asesinos y exclamó la frase más famosa en la historia dirigida a un traidor ”¿tu también brutus?” y falleció. Brutus quien pretendió con esta participación ascender políticamente vivió atormentado por visiones del fantasma de César hasta que decidió quitarse la vida con su propia espada. Pero ninguna de estas figuras solas me dan el compendio que se necesita para describir a Santos; casi que digo que no le alcanzan en méritos ni todas juntas. Revisemos un poco la historia y sin duda me darán la razón:

Juan Manuel Santos, procede de una de las familias más adineradas y rimbombantes de Colombia, fue sub director de Diario el Tiempo, el más grande del país y propiedad de sus padres. Ha escalado sigilosamente en la política siempre de forma coyuntural mas no por notables gestiones. Ministro de Comercio Exterior, Hacienda y de Defensa durante varios gobiernos; En 1997 durante el Gobierno del Presidente Samper fue el mentalizador de una zona de despeje a favor de la guerrilla para supuestamente propiciar diálogos de paz, además propuso una Asamblea Constituyente donde se debatirán intereses de las FARC; en aquella época tan dura para Colombia tal vez esta fue solo una más de las tantas ideas descabelladas que se lanzaban sobre el conflicto; sin embargo esta se materializó durante el siguiente gobierno del Presidente Andrés Pastrana donde Santos ocupó el cargo de Ministro de Hacienda; y es considerado como uno de los episodios mas deshonrosos en la historia de Colombia, se despejó de la fuerza pública a tres municipios del Meta, y uno del Caquetá en la región del río Caguán, desde el 7 de noviembre de 1998. Esta fue la famosa Zona de distensión de 42.000 kilómetros cuadrados donde las FARC tuvieron impunidad y libre albedrío durante casi cuatro años de secuestros, asesinatos robos y narcotráfico -era una guarida criminal legalizada donde la policía y el ejército tenían prohibida la entrada- hasta el 20 de febrero de 2002, en que el mismo Pastrana declaró fracasado el proceso que quedó escrito en la historia como una farsa antipatriótica de intereses evidentemente oscuros y no de paz.

En 2002 Alvaro Uribe era nombrado presidente, Santos rompe filas del Partido Liberal y es integrado al gobierno como Ministro de Defensa; bajo el mando de Uribe se abatió al temible bandido alias “raúl reyes” el 1 de Marzo de 2008, una fiesta se produjo en Colombia, en todos los rincones de la patria se celebraba como una hazaña histórica, además a esta fecha el ejército había reducido las filas de las FARC de 18000 a 8000 bandidos. el momento coyuntural para Santos había llegado, pues su gestor Uribe, no podría volver a ser Presidente por norma constitucional después de haber cumplido dos periodos consecutivos de elección popular. Pero el 75% de aprobación ciudadana a ese momento sobre la gestión de Uribe fue suficiente para endosarle los votos a Santos con tan solo levantarle el brazo. Santos Juró defender y continuar la obra de Uribe -La Seguridad Democrática-, sin tregua al terrorismo; esta, como principal fuente de recursos para el país. Pero en algún momento no definido y triste para la historia de Colombia, tal vez producto de una fragua que siempre existió silenciosa esperando a poder asomar de atrás de la careta falaz de demócrata, o emerger de entre la oscuridad de las mentes parias que suelen rodear al poder; de sus cercanos colaboradores, viciados de intereses forjados en relaciones deshonrosas presentes y de antaño; Santos creyó que una propuesta de paz se podía impulsar por encima de los intereses ciudadanos, pisoteando las tumbas de héroes y victimas, negociando lo innegociable; la posibilidad de amnistías e indultos para quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, permitirles aspirar al Senado, Cámara de Representantes y otros cargos de elección popular, y la legalización de las tierras que estos han invadido y robado durante cincuenta años, entre otros puntos. Y luego de todas estas cartas jugadas en una mesa de poker, tomando tinto bajo el sol de la Habana intentando violar los principios democráticos y constitucionales, Santos pretende salir airoso como hasta para aspirar al premio nobel de la paz.! Y es que la vanidad es un pecado muy interesante y poderoso que siempre le hace antesala a la traición. -léase traición a la patria-. Como era lógico Alvaro Uribe, quien tiene claro como se combate a los criminales y como se saca adelante un país, ha liderado la oposición contra este inminente fracasado “procesos de paz” que solo ha logrado convertir en figuras internacionales y mediáticas a un grupo de criminales que hasta ayer debían andar escondidos en la selva embarrados del lodo de su criminal “revolución”.

Santos llegó al poder de la mano de un grande, sin reparo y sin pensar en lo importante que es el honor en aquellos que reciben el llamado de regir los destinos de un país, mordió esa misma mano, traicionó los principios que juró defender y hoy se encuentra sentado del otro lado de la linea de fuego repitiendo un grave error del que él mismo ya fue parte ideológica en 1998 durante el despeje del Caguán. Lamentablemente, esta paz, la paz al estilo Santos no encaja con los principios morales y éticos, menos con los rectores del ordenamiento jurídico. La paz de Santos es un concierto para delinquir en donde se proponen movimientos de la nueva bolsa de valores; la del lavado de activos provenientes del secuestro y el narcotráfico. Los ciudadanos colombianos no tiene un pelo de tontos, no pretenda el traidor vende patria pasarles gato por liebre. Ya se ha visto en la historia colombiana a demasiados tahúres y pillos de siete suelas, ya es fácil reconocerlos cuando andan de jornada.

Para que no se crea que podría yo, estar especulando sobre la reprochable calidad humana del Presidente Colombiano, puedo dar fé en primera persona con el siguiente ingrato relato; y es que yo mismo he sido gravemente afectado por su traición y falta de principios; en 2010 defendí a Juan Manuel Santos en la Corte de Sucumbíos – Ecuador, una orden de prisión pesaba sobre él y varios oficiales que acertaron armamento bélico contra un campamento terrorista ubicado en Angostura, donde cayó abatido alias “raúl reyes”, las acciones jurídicas de mi equipo lograron revocar la orden de prisión contra Santos impuesta por la Corte ecuatoriana e impulsada por el Presidente Rafael Correa, que concluyó gracias a nuestra defensa con el archivo del caso. Esta acción la asumimos como un acto de defensa al legado del ex Presidente Alvaro Uribe suponiendo un gesto propicio para con quienes habían colaborado con él en su lucha contra el terrorismo. Contrariamente al sentimiento de los miembros del ejercito de colombia y al de la mayoría de los ciudadanos, Santos decidió colaborar con el gobierno de Ecuador, el 10 de Octubre de 2012, me detuvo como a un delincuente en Bogotá donde me encontraba exiliado, me subieron a un avión militar y me entregó a la dictadura ecuatoriana que me mantiene encarcelado hasta la fecha. Mi familia, esposa y cuatro hijos quedaron abandonados en Bogotá, sin protección, pasaron días de terror pues pocos días antes yo había sufrido dos secuestros a manos de criminales enviados desde Ecuador para atentar contra mi vida, estos criminales eran agentes de inteligencia de la policía de Ecuador que violaron la soberanía de Colombia para secuestrar a un exiliado demócrata, perseguido por una dictadura. Santos quien sabía todo sobre mis secuestros, a pesar de ello me deportó violando mis Derechos Humanos y los de mi familia, entregándole a un país donde mi vida corre peligro y donde se me persigue por mis opiniones políticas. pues las pruebas de mi secuestro han sido recabadas por la fiscalía, incluso la identidad de los secuestradores y estas habían sido informadas a Santos plenamente quien ha encubierto estos crímenes para no afectar al gobierno de Ecuador. Pero los Colombianos no son tontos y con las pruebas que se revelan en los links que adjuntamos a este articulo tendrán claro el tipo de ser humano que lamentablemente tienen como presidente.

Con estos antecedentes sobre Santos, llegué a una conclusión; después de echar una mirada a al cobardía de Robert Ford; a lo vende patrias de Benedict Arnold y Antonio López de Santa Anna; y a la traición ambiciosa de Brutus contra César, advertí que todos juntos no hacen a un Juan Manuel Santos. Y encontré en la historia por allá en el año 33 DC, a la figura perfecta, a aquella que reune todos los rasgos de la traición configurados en Juan Manuel Santos, y que refiere a la más grande traición conocida por el hombre; el deleznable Judas Iscariote; aquel, traicionó a su pastor Jesucristo y con ello a los principios de paz, amor, equidad y justicia que Judas había jurado defender con su vida, causando el mayor crimen cometido por la humanidad pero que a su vez reveló algo supremamente importante: donde está el bien y donde está el mal. Y Como funcionan los traidores.

Fernando Balda logra revocar orden de prisión contra Juan Manuel Santos:

http://m.elespectador.com/noticias/judicial/articulo-224401-abogados-de-santos-buscan-archivo-del-caso-bombardeo-ecuador

Agentes de inteligencia de Ecuador secuestran a opositor de Rafael Correa en Bogotá y gobierno de Santos no dice nada ni por secuestro ni por violación a la soberanía de Colombia:

http://m.semana.com/nacion/articulo/operacion-balda/330695-3

Fotos de los secuestradores, pruebas del espionaje internacional y la violación a la soberanía de Colombia:

https://fernandobalda.wordpress.com/2013/01/15/la-persecucion-a-fernando-balda-2/

Pruebas de la autoría material de los secuestradores:

https://fernandobalda.wordpress.com/2013/01/25/balda-razones-de-un-secuestro-revista-vanguardia/

Fernando Balda
@fernandobalda

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Y fuimos coca

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Y fuimos coca - 5.0 out of 5 based on 10 votes

Por Fernando Londoño Hoyos 

Valiéndose de lo que tiene, las cortas luces y muy escasa autoridad moral de su Ministro Gil Botero, Santos acaba de declarar lícita la cocaína en Colombia.

La técnica jurídica usada para el efecto ha sido tan pobre y ladina como todo lo de Santos. No teniendo el valor de llamar las cosas por su nombre y decirlas de una vez, acude al triste expediente de declarar permisibles 3.8 hectáreas de coca que cualquiera siembre o mantenga en el territorio nacional.

 Todo lo que no está prohibido está permitido. Eso lo sabe hasta un indomable ignorante como el Ministro Gil Botero. Y lo prohibido trae una sanción legal, que es como llama el artículo 4 del Código Civil a la consecuencia desfavorable que se sigue al incumplimiento de una disposición legal. Cuando no hay ninguna, la conducta queda permitida.

Al contemplar esta desventura, que pronto será acogida por los congresistas cubiertos de mermelada y amenazados con perderla en vísperas electorales, uno se pregunta ¿para qué fue entonces la lucha contra el narcotráfico en Colombia?

¿Para qué se hicieron matar don Guillermo Cano y Luis Carlos Galán Sarmiento? ¿Para qué? Para qué se hicieron matar los periodista y jueces y policías y soldados que se enfrentaron a la mafia? ¿Para qué se hizo matar toda la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y con ella tantos magistrados que la acompañaron en el Holocausto de Palacio?

No faltará el imbécil que diga que la norma solo protege a los pequeños sembradores de coca y que los mafiosos a escala seguirán siendo castigados. El tema es de una simple división. Cuando se encuentren 5.000 hectáreas sembradas, bastará movilizar 2.000 o menos cocaleros que digan que son suyas las tres mil parcelas que se quieran erradicar. ¿Bien fácil, no?

Si el Gobierno estaba derrotado en la erradicación de los cultivos, como hoy mismo lo demuestran la zona del Catatumbo y al sur, toda la región caucana y nariñense, ahora ni hablar del tema. Las 250.000 hectáreas que hoy mostramos con vergüenza ante la faz del mundo se duplicarán o triplicarán. Todo dependerá del mercado.

Y seguiremos nadando en mares de dólares negros. Y seguiremos nadando en mares de contrabando que acaben del todo con la industria colombiana. Y seguiremos cogiendo café con mano de obra venezolana, mientras se pueda. Y seguiremos con jueces corruptos, policías colaboradores con la mafia, soldados entregados, campos abandonados, desolación y ruina.

Y nos convertiremos, otra vez, en los parias del universo, como en las épocas de Samper Pizano. Los Estados Unidos nos quitarán la certificación, nos cortarán ayudas y nos cerrarán los mercados. Europa hará lo mismo. Y la China seguirá imponiendo la pena de muerte a los que sirven de portadores de nuestra cocaína.

Pero seguiremos en el post conflicto. Porque los asesinos de las FARC, los barrigones que retratan todos los días, que mantienen a sus hijos en Suiza y sus estrafalarias cuentas en dólares en cualquier parte, seguirán hablando de paz desde el Congreso y llenas las alforjas de oro seguirán diciendo que si algo falla en el desarrollo de los acuerdos de paz es por culpa del Gobierno.

Nadie ha medido la gravedad del proyecto que Santos y Gil Botero han mandado al Parlamento. Si hubiéramos entendido, estaríamos en la calle exigiendo la renuncia de esos sinvergüenzas. Pero aquí no entendemos nada. Porque nos idiotizaron, que es la pena más cruel que se le pueda imponer a un pueblo. Por eso andamos muy preocupados con la espalda de James y los muslos de Falcao. Esos son los temas del momento.

Estamos tan idiotizados, que no le exigimos a Santos que muestre completa la carta que le acaba de mandar Trump, con las felicitaciones por su gestión contra el narcotráfico.

Estamos tan idiotizados, que no preguntamos por centenares de miles de familias colombianas que tienen hambre y que hoy tratarán de vencer su tragedia en el rebusque. Cuando crecemos al 1.2% anual  ese es el precio que pagamos.

Estamos tan idiotizados, que ya olvidamos que los Magistrados de la Corte Suprema de Justicia venden sus sentencias, que los de la Corte Constitucional pagan en sentencias los favores del Gobierno, que los del Consejo de Estado siguen cumpliendo las consignas que les imparte Gil Botero, con la esperanza de que a ellos también los contraten cuando salgan del empleo.

Estamos tan idiotizados, que no nos importan Medimás, ni la Ruta del Sol 2, ni la ruta del Sol 3, ni el Túnel de la Línea, ni Mulaló Loboguerrero, ni Buenaventura, ni Tumaco, ni Caprecom, ni las pandillas juveniles que sustituyen las jornadas escolares, ni la plata que se les robaron a los empleados público en el Fondo Nacional del Ahorro. Tranquilos todos: la ONU seguirá apoyando el post conflicto.

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Nos invadieron, así como quemaron al sapito

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Nos invadieron, así como quemaron al sapito - 5.0 out of 5 based on 13 votes

Por Fernando Londoño Hoyos.

Al sapito lo metieron en agua hirviendo y saltó de la olla para salvarse. Pero lo metieron en la misma olla en agua tibia y se quedó muy tranquilo. Poco a poco le subieron la temperatura al agua y el sapito siguió tranquilo hasta que lo hirvieron.

Estamos tratados como al sapito del cuento.

La cosa empieza con el desarme de las FARC, un cuento chino de Monsieur Arnault, un mamerto francés que mandó la ONU para que nos mintiera. Al frente de su legión de comunistas chilenos y argentinos, Monsieur Arnault, tan inteligente como casi todos los franceses, y que nos cree tontos, nos comió con el cuento de que las armas que entregaban las FARC no eran para que las viéramos. Se podían asustar los niños colombianos con ese espectáculo. Así que recibió miles de fierros viejos, fusiles podridos y oxidados, los escondió en containers que decían “ONU” y ya quedaron desarmadas las FARC.

Cumplida esa tarea, se fue a buscar centenares de caletas cargadas con armas y explosivos, que encontró con la inapreciable ayuda de sus amigos de las FARC. Y desenterró esos tesoros, que tampoco eran espectáculo para nuestros ojos de estúpidos y tontarrones. Con la palabra de Monsieur Arnault debe bastarnos, porque las pronuncia nadie menos que Monsieur Arnault.

Las FARC no entregaron nada en su desarme, como nos lo había advertido el ex asesino Márquez, en un ataque de sinceridad. Ni una ametralladora, ni un lanza cohetes, ni un fusil de los nuevos y en uso. Nada.

Al sapito le suben la temperatura.

Para justificar que las FARC seguían en lo de siempre, el Gobierno y Monsieur Arnault se inventaron el cuento de los disidentes, que ahora se llaman elementos residuales de la guerrilla. Y todos tan contentos.

Como seguimos tan contentos cuando nos aseguran que los nuevos brotes de violencia no se deben a las FARC sino al ELN, que por arte de magia se multiplicó como pan evangélico. Ahora anda regado por todo el país, incluyendo zonas que ni sabían de su existencia. Y si el ELN dijera que se desarma, no hay por qué intranquilizarse. Los bandidos serán del EPL, resurgido de sus cenizas y de las BACRIM, a las que les dio por crecer y multiplicarse.

Al sapito le suben la temperatura.

Para seguir con la invasión silente, cabe armar a las FARC en las ciudades. Pues para eso está “coca” Naranjo, el mejor policía del mundo, el que nunca supo que su hermano fuera narcotraficante y el mismo que nunca supo que cierto Coronel González, su amigo del alma, lo fuera también y partícipe además en el crimen de Álvaro Gómez Hurtado. Para que ayude en la invasión, nada mejor que hacerlo Vicepresidente de la República, para inaugurar el hecho insólito de unas Fuerzas Militares que se dejan poner de jefe un Policía.

Pero no importa. “Coca” entrena y arma centenares de ex FARC en el mismo centro de entrenamiento de la Policía y los destina a la Unidad Nacional de Protección, que los recibe encantada, en ceremonia especial. La invasión llegó a las ciudades. El número y la extensión del fenómeno lo sabremos cuando ya para qué.

El Gobierno y las FARC notaron que algo les faltaba para completar sus designios. Algo como la mejor asesoría que el mundo comunista puede prestarle a las fuerzas invasoras de un país, nada menos que la de los Castro, hoy toda de Raúl, tan necesitado como está de recursos de exportación. Cuba dice recibir al año once mil quinientos millones de dólares en servicios de médicos que andan por el mundo repartiendo pastillitas doctrinarias. De modo que para Colombia reserva unos cuantos de esos médicos, que llegan de aquel pobre país que no tiene hospitales, ni medicamentos, ni cosa alguna que sirva para la salud de la gente. Y nos llenan de asesores.

Al sapito le siguen subiendo la temperatura.

Hasta que al fin, ya para qué ocultar más las cosas. Cuba nos manda militares armados, con la sagrada misión de proteger a los ex bandidos de las FARC. Los generales colombianos no protestan, porque pondrían en peligro ciertas primas con que les ataron la lengua y el honor. Así que callan ante el Ejército de invasión, que está en sus propios cuarteles, dando órdenes y doctrina a nuestros soldados.

Al sapito lo tienen en agua hirviendo y ya no salta de la olla. La invasión armada se consumó, sin disparar un tiro. Simplemente, nos entregaron. Algo que no hubiera pasado jamás si en el Ejército de Colombia tuviéramos un General como Nelson Mejía Henao o como Jorge Enrique Mora Rangel, en su época de glorioso General activo de la República.

Al sapito lo quemaron. A Colombia la invadieron.

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