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Aspirinas para un cáncer

Aspirinas para un cáncer - 5.0 out of 5 based on 7 votes

Por Fernando Londoño Hoyos

La economía colombiana sufre de cáncer terminal. Y el médico que la atiende le receta un par de aspirinas.

Tiene cáncer la economía que creció en el 2.015 el 3%, el 1.8% en el 2.016 y el 1% en la mitad del 2.017. Colombia no puede crecer menos del 4.5% anual. Por debajo de esa cifra se muere. Como se está muriendo..

Tiene cáncer una economía que lleva a cuestas la cruz de un déficit fiscal que para este año vale 35 billones de pesos. Imposible caminar con esa carga encima.

Tiene cáncer una economía que padece un déficit pensional de más de cuarenta billones de pesos anuales de costo.

Para solventar esos faltantes y para robar a discreción han endeudado el Estado hasta la friolera de 487 billones de pesos. La deuda externa alcanza los setenta mil millones de dólares y para servirla hay que desembolsar cincuenta billones de pesos anuales. Es un cáncer terminal.

La industria no podría crecer menos del 6 0 7 por ciento anual. Está cayendo en términos absolutos. Eso es desempleo, competitividad en ruinas, atraso tecnológico irreparable. Las cifras manipuladas mostraron cierto desahogo con la entrada en producción de la Refinería de Cartagena. El desplome ya se comió esa producción excepcional. Fabricato tuvo que parar su producción, Argos vio caer sus utilidades en el 85% y la lista de desventuras sería interminable.

El comercio no vende, porque se le ahogaron sus compradores. La gente no tiene con qué comprar comida, ni ropa, ni zapatos. No quieren decirlo, pero caen hasta las ventas de cerveza y gaseosas, las bebidas del pueblo.

La cartera vencida en poder de los bancos se reconoce en 17.7 billones de pesos, después de todas las maromas para negociarla y refinanciarla. Por primera vez en muchos años caen las utilidades de los bancos y revelan pérdidas las compañías de financiamiento, que es por donde siempre empiezan las grandes crisis.

Estamos exportando lo que hace 60 años nos mantenía: petróleo y café. Pero arruinamos la industria petrolera. En este año no se ha practicado una hectárea de sísmica, condición para que haya exploración y para que sean posibles los nuevos hallazgos. Los oleoductos vuelan en pedazos o los perforan para robarlos y procesar cocaína; las comunidades resuelven, en consultas malditas, que no aceptan taladros; otros, también movidos por la guerrilla que supuestamente no existe, invaden los centros de producción. En total hemos perdido el 15% del crudo, 150.000 barriles por día.

La minería legal está siendo borrada del mapa. O la prohíben las consultas  o la despedazan los mineros delincuentes, como en Segovia y Remedios. El 90% de las exportaciones de oro de Colombia tiene origen criminal..

El tipo de cambio está sobre valuado. Las mil toneladas métricas de cocaína que producimos para que Santos y las FARC vivan en buena paz y compaña se dejan sentir en muchas regiones. Ahí está la clave de los empleos del DANE, del dólar barato y también del contrabando y de toda la enorme economía sumergida, que es la parte más azarosa del cáncer que nos aflige.

Las cifras que salen a la luz, ocultan la tragedia de un pueblo miserable. El 32% de las familias colombianas no satisface sus necesidades básicas, según el DANE. En términos menos sofisticados decimos que tiene hambre. La mitad de los empleos registrados son “informales”, lo que significa que la mitad de los empleados vive, si eso es vivir, del llamado rebusque, que es el heroísmo de la supervivencia. Padecemos el mayor desempleo juvenil de América y los alimentos no suben de precio porque no hay compradores.

En medio de este desolador panorama aparece Santos en Cartagena, invitado por su empleado mejor pago, el presidente de la ANDI, anunciando sus medidas para recuperar el ritmo económico. Son las aspirinas para el paciente moribundo.

La primera es para llorar. En adelante no se calculará la tasa de usura cada tres meses, sino cada mes. Haciendo cuentas, la tasa de interés bancario, con inflación del 4% anual, bajará el 0.75% sobre el 32% que ahora se paga. Fuera de lo torpe y anti técnico de la medida, los deudores insolventes, los que están comprando mercado difiriendo el pago de la tarjeta a 12 meses, los que la pagan  con los avances de las otras dirán “qué alivio!”

La segunda aspirina es para morirse de la risa. El Gobierno rebaja los aranceles de bienes de capital y de materias primas, para abaratar los costos de producción de industrias quebradas, que compiten con los contrabandistas de las FARC. ¡La competencia que les montó Santos!

En los estertores de la agonía más dolorosa, al enfermo le ofrecen dos aspirinas. No le quitan un ápice de dolor, pero le producen incómoda acidez estomacal. Y que se muere, se muere.

 

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En estos siete años

En estos siete años - 4.6 out of 5 based on 14 votes

Por: Fernando Londoño Hoyos 

En estos siete años nos convirtieron en mermelada y se robaron la única bonanza grande que disfrutó Colombia en su Historia. Si hoy tenemos un buen precio del petróleo calculemos la bonanza y el robo. Más de 50 dólares de sobre precio en más de un millón de barriles por día nos da cincuenta millones de dólares, que en 365 días montan veinte mil millones de dólares por año. Como la bonanza duró cuatro, tenemos que preguntar por ochenta mil millones de dólares, de los que quedaron al Gobierno por lo menos cincuenta mil millones de dólares. ¿Dónde están? La camarilla de bandidos que nos gobernó los hizo mermelada, los repartió en toda la tostada y tostada y mermelada se fueron al buche de un pato tragón.

No piense, lector, en lo que se hubiera podido hacer con cincuenta mil millones de dólares. No quiero que su indignación sea tanta que le haga dejar estas líneas empezadas.

En estos siete años de prosperidad, los de la Mesa se repartieron un endeudamiento externo colosal. De Simón Bolívar a Uribe, adquirimos obligaciones por pagar que alcanzan menos que las tomadas por esta camarilla en siete años. Eso significa que el servicio de la deuda, que va a empeorar dramáticamente este último año de francachela, nos costará cincuenta billones de pesos anuales. Algo más, si fuéramos exactos. Súmele a la cifra los veintinueve billones de regalo a las FARC, las vigencias futuras y otras linduras y llegará al final de la cuenta.

En estos siete años de prosperidad cuadruplicamos los cultivos de coca y mas que cuadruplicamos la producción de cocaína, que supera las mil toneladas métricas por año. Con eso estamos envenenando al mundo y enriqueciendo de manera fantástica los únicos ricos de verdad que hay en Colombia, que son los narcotraficantes. FARC, ELN, BACRIM y asociados reciben miles de millones de dólares por año, para convertirlos en contrabando, propiedades suntuosas, armas, corrupción sin precedentes y ollas del microtráfico en todos los pueblos de Colombia.

En estos siete años de prosperidad dejamos de ser simples exportadores de cocaína, a grandes consumidores. Como no tenemos Presidente, ni Ministro de Salud, ni Procurador, nadie nos cuenta lo que significa la penetración de la marihuana, la cocaína y el bazuco en los colegios y en la niñez. Las pandillas y la delincuencia juvenil sirven de historiadores de esta tragedia.

En estos siete años nos convertimos en los segundos mayores depredadores de bosques del mundo. Y en los mayores destructores de ríos y de sistemas ecológicos enteros.

En estos siete años multiplicamos la pobreza en proporciones fantásticas. El PIB es la medida con que los economistas tasan la riqueza de un país y de su gente. Y logró este Gobierno de la prosperidad reducirlo de más de cuatro al uno por ciento. Total, sin cuentas ni adornos, en la prosperidad nos volvieron, a todos, cuatro veces más pobres.

En estos siete años nos pusieron a cuestas una carga tributaria de más del 70%, que nos sitúa en el cuarto lugar de la tributación en el mundo.

En estos siete años logramos reducir la producción petrolera de más de un millón a ochocientos cincuenta mil barriles de petróleo por día. Nos quedan reservas para cuatro años escasos y no hay sísmica, ni exploración, ni inversión. Nada.

En estos siete años logramos el record de no haber visto abrir una fábrica nueva. La industria es una pobre raquítica que aguarda con resignación la muerte.

El campo no vale nada. La amenaza de expropiación de más de tres millones de hectáreas acabó la inversión y la producción. ¡Pero importamos unos aguacates peruanos y una leche europea, que dan gusto!

El empleo ha crecido en estos siete años que es un contento. Solo que la mitad de los empleados del DANE lo son por cuenta propia y sin remuneración. Como en la época de San Pedro Claver, alma bendita.

La salud está quebrada y los enfermos se agolpan a las puertas de los envejecidos hospitales mendigando una cirugía o una pastilla de cualquier cosa. Pero como el Presidente se hace tratar en los Estados Unidos, no lo nota.

Las carreteras son una vergüenza. Pregunte por el Túnel de la Línea, la carretera Villeta Guaduas, la Ruta del Sol II, Mulaló Loboguerrero, Cúcuta Bucaramanga, la de la Soberanía, Bogotá Girardot, Cambao La Sabana, por la que quiera. Hasta la carretera hacia Anapoima, donde están las casas de Santos y sus amigos, anda mal.

Es verdad que acabamos con las FARC. Las convertimos en las dueñas impunes del país. Hicimos próceres de los delincuentes y custodios armados por el Gobierno de los asesinos más abyectos que América ha conocido. Y les encimamos Vicepresidente. Su querido “coca” Naranjo completa el ciclo de la prosperidad en estos siete años.

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Crisis sistémica

Crisis sistémica - 5.0 out of 5 based on 8 votes

Por Fernando Londoño Hoyos

Crisis sistémica es como definen los científicos la vieja complicación de males, como llamaban nuestros campesinos a la enfermedad que las comprende todas. Cuando alguien moría porque le dolía todo, se moría de complicación de males.  

Este Santos precipita una crisis ministerial total sin tener el cuidado de saber con quiénes reemplazar los que se van. Llevamos dos semanas con  Gobierno interino, otro record de nuestro sedicente Presidente. Pues para lo que hacen, diría alguno, lo mismo va en que estén interinos o en propiedad. Y puede tener razón.

Por los últimos escándalos tenemos bien sabido el lamentable estado de las vías en Colombia y el fracaso estruendoso de las que nominan como 4G. Parado el Túnel de la Línea y adjudicado a proponente único, sacamos en blanco que no hay modo de superar el atolladero que comunica este país de oriente a occidente. En ruina la Ruta del Sol II y sin noticia de la vía Girardot- Honda, se suma a la desgracia el que no hay tránsito adecuado de sur a norte. No empieza Mulaló-Loboguerrero, lo que garantiza que seguirá siendo hazaña de camiones y camioneros llegar a Buenaventura. Cúcuta Pamplona, que toma por mala trocha hora y media de camino, quedará algún día tan maravillosa que economizaremos en el trayecto tres horas.

La salud es un drama sin orillas. En breve pasarán a una asociación desconocida, con un contrato oculto, seis o siete millones de potenciales pacientes que dejaron en la calle Salucoop y Cafesalud. La quiebra de los hospitales se debe a la quiebra de las EPS y la de las EPS a la quiebra de todo el sistema. Pero no hay de qué preocuparse: con cinco o seis billones de pesos mejorarán las cosas.

La educación es una calamidad y la educación pública una crueldad. Los colegios oficiales ocupan los últimos puestos entre todos los del país. Es la manera más eficaz e inicua de ampliar la brecha entre pobres y ricos.

Estamos consumiendo las últimas gotas de petróleo descubierto, porque no hay explotación de crudo y no la hay porque no hay exploración y no hay exploración porque no se avanza en estudios de sísmica y faltan porque no hay inversión. Y no hay inversión porque el Gobierno se queda con más del 70% de las ganancias, y porque los oleoductos vuelan en pedazos o se los roban con perforaciones y válvulas que alimentan el procesamiento de la coca. Y porque las comunidades se lanzan contra los que intentan la hazaña de trabajar en Colombia. Y a las comunidades las empujan las FARC y a las FARC las protegen el Gobierno y la ONU y un tal Jaramillo.

Se acabó la minería legal, tecnificada, seria, porque la Corte de los Milagros – la Constitucional- encontró bello el deporte de las consultas populares que la prohíben para que todo quede en los  mineros ilegales. El 90% del oro que exporta Colombia sale de manos criminales. Y no nos inventamos la estadística.

Se nos vino encima Venezuela y la Cancillería no se entera. Ni Santos tampoco. Y eso se veía venir, como por años lo dijimos. Y nos va llegar Ecuador, en parejas circunstancias. ¿No lo sabían? ¿No lo sabe, adorable Canciller?

El mayor triunfo judicial de Colombia en su historia, el laudo arbitral de Gabinito Pinzón contra Claro Y Movistar, valdrá tanto como que nos quedemos sin telefonía celular y sin internet. Incomunicados, por un capricho o por un error gigantesco. Pero ¡qué triunfo!

La economía da grima. En la mitad del año, por lo que ya se sabe más lo que se sospecha, crecimos el 1%. Fácil la cifra, menos para la tercera parte de las familias colombianas que se acuestan con hambre y sin saber qué será del desayuno al día siguiente. Déficit fiscal galopante, industria en derrota, comercio en quiebra, campo amenazado por el robo de más de tres millones de hectáreas para las FARC, exportaciones fiadas al café y al petróleo, como hace sesenta años, enorme déficit en cuenta corriente, más de treinta billones de pesos en déficit pensional, consumidores desaparecidos, cartera bancaria en la antesala del caos, construcción en caída libre, ladrones en su mejor primavera, componen este cuadro como para Dante.

La gente no puede salir a la calle porque la atracan ni al campo porque la secuestran o le hacen extorsión, que es el secuestro por instalamentos, ni recorrer los centros comerciales porque estallan bombas sin que nunca se sepa quiénes las ponen ni por qué. El principal problema de todos los alcaldes del país son las ollas de la cocaína y la marihuana, que son de las FARC, que son del Gobierno y de la ONU.

En suma, padecemos complicación de males. Y de eso se muere la gente y se acaban los pueblos.

 

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