Por William Calderón
Ambiente caldeado. Acaba de plantearse en Caldas una confrontación de repercusiones imprevisibles entre el gobernador Mario Aristizábal Muñoz y el periodista Alvaro Segura López, editor de opinión del periódico La Patria. En su columna dominical, el diarista sembró dudas sobre la trasparencia de un plan de inversiones por más de un billón de pesos diseñado por la administración seccional. En protesta por la publicación, en la que se habló de “gobiernos corruptos y tramposos”, el mandatario caldense ordenó la suspensión del ambicioso programa de obras públicas que beneficiaba a todas las comarcas del departamento cafetero.
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Por William Calderón
Rifirrafe paisa. Enfiló baterías contra el alcalde de Medellín, Alonso Salazar, por el tema de la seguridad, el parlamentario Augusto Posada, del Partido de la U. Deploró que el burgomaestre se hubiera negado a participar en el debate celebrado en la Comisión segunda de la Cámara de Representantes para examinar el recrudecimiento de la violencia, en sus distintas manifestaciones, en la primera urbe paisa. El alcalde prefirió enviar, en su representación, al secretario de gobierno municipal, Jesús María Ramírez, quien, según Posada, le faltó al respeto a la alta corporación legislativa.
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Por William Calderón
¿Qué lo movió? Por los pasillos del Capitolio y del Palacio de Justicia circulan estos tres interrogantes. 1) ¿Qué movió al magistrado caballista Yesid Ramírez a dar semejante voltereta frente al tema en virtud del cual la Corte Suprema le quitaba a la Fiscalía su derecho a ser la segunda instancia para procesar a los parlamentaros inmersos en la para-política? 2) ¿Estará de por medio en este asunto la reelección de su amigo Edgardo Maya Villazón como procurador general? 3) ¿Qué tiene que ver este viraje sorpresivo con el llamado a indagatoria que le ha hecho, a él y a su inseparable amigo Carlos Isaac Náder, la Comisión de Acusaciones por sus relaciones con Giorgio Sale, preso en Italia por narcotráfico?
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Por William Calderón
Un debate sin fin. Siempre se ha mirado a las asambleas departamentales como entes inútiles que obstruyen la buena marcha administrativa de las regiones. Estos cuerpos se han convertido de tiempo atrás en unos onerosos jubiladeros y en focos de politiquería y corrupción. Los casos más recientes se han visto en las asambleas de los departamentos de Quindío, donde el ex senador Javier Ramírez Mejía destapó una olla de corrupción impresionante, y de Antioquia, región en la que el ex parlamentario César Pérez García regresó a la política por la puerta trasera de la asamblea para tratar de recuperar su paz y salvo moral, tras perder su investidura como congresista.
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